El tratamiento del cáncer ha avanzado considerablemente con la incorporación de nuevas tecnologías radiológicas que permiten un enfoque más personalizado. La radioterapia guiada por imágenes (IGRT) es un ejemplo destacado, ya que permite a los oncólogos dirigir con precisión la radiación a las células tumorales mientras minimizan el daño a los tejidos sanos circundantes. Este nivel de precisión ha mejorado significativamente los resultados del tratamiento, reduciendo los efectos secundarios y mejorando la calidad de vida de los pacientes. Además, la radiología molecular ha comenzado a jugar un papel crucial en la identificación de biomarcadores específicos, lo que permite la adaptación de terapias dirigidas a las características únicas de cada tumor. Estos avances están cambiando el panorama del tratamiento oncológico, ofreciendo nuevas esperanzas a los pacientes y redefiniendo las expectativas de éxito.